La palabra en mi transcurrir se vuelve una muralla contra mi insolencia empedernida, recogiendo flores, pétalos de cementerios.
La palabra viaja de escenario en escenario, de amigo a amigo hablando de un porque ponerse uniforme y matar a otro con esa mi voz queda, lamentable azoro a la verdad absoluta del joven viajero en su turbulento andar, singular tipo de traje ausente de eso que nunca nombrará, comió sueños, devoró aliento y regurgitó lazos de sangre fraternal a la orilla de la barra, después de su modesto error sabe pedir perdón pues para eso es la palabra, nunca pretenciosa de intimidad, como el que folla para sí, para el interior, se exterioriza con muecas de agradable artista que no pretende, solo propone sin más.

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